Saltar al contenido

STOP,FANATICOS

Quisiera hacer una llamada de atención sobre un tema, que muchas veces sin saberlo, nos toca en mayor o menor grado a casi todas las personas.

Me gustaría recalcar, que la mayoría actúa sin saber, lo que en definitiva es y que sin embargo se le puede llamar de infinidad de nombres. El fanatismo tiene muchas variedades, desde el menos peligroso o más usual al más destructivo. Fanáticos somos todos en más o menos grado, pero no todos llevamos el fanatismo hasta extremos “no humanos”.

Quién no ha estado alguna vez, en una reunión donde temas, que normalmente salen como una chispa, ha llegado a discusiones, tan acaloradas que incluso han llegado a salir palabras mal sonantes e incluso a situaciones de nervios incontrolados. Me refiero a los temas tan normales, como son la política o el fútbol, etc., pero bueno mientras sólo sean palabras malsonantes en una discusión y la cosa no pase de una conversación un poco acalorada. El fanatismo pasa por ser digámoslo “sano” ya que la discusión es la esencia misma del hombre, el intercambio de ideas y palabras de diferente índole, es conversación aunque sea acalorada, crea el principio de la comunicación llegando al intercambio de ideas y formas de pensar.

El fanatismo se convierte en peligroso, cuando haya quién por defender unos colores o unas siglas sean capaces de utilizar la violencia, el insulto, la fuerza en masa, el secuestro, o incluso la abominación del hombre o sea ser el asesinato. Este tipo fanático, vive y muere por un ideal, sus pensamientos son exclusivos a esta idea, y no consiente una discusión sobre el tema porque él o ellos creen llevar la razón, no existe otra razón y no hay posibilidad de otra razón, la mente la tienen bloqueada y con ello la vida, que ronda alrededor de su ideal destructivo y salvaje. El fanatismo religioso, aún cuando lo religioso nos infunde el amor a Dios, el amor al prójimo, el respeto a la vida, y todas esas creencias sinónimo de amor, el fanático religioso viola todas las normas de religión, cuyo respeto al prójimo y a sus creencias es esencial en un mundo civilizado, el fanático se esconde en sus creencias religiosas para que con su sin razón, no respete al prójimo, ni el amor a otro Dios verdadero y destruya toda ley terrena o divina, como es la libertad del hombre, y la libertad de elegir la creencia que él crea conveniente. Aunque el fanatismo, salvaje y despiadado, afortunadamente no nos toca a la mayoría directamente, y nuestras referencias son por informaciones periodísticas o historias contadas por terceros, también es verdad que existe una mayoría que le ha tocado o les toca vivirla muy cerca o incluso lo han experimentado en sus propias carnes y saben del salvajismo y criminalidad de estas “personas”.

El fanatismo más cercano a nosotros, el que protagonizamos en más o menos grado, no es peligroso para nadie, no hacemos daño a nadie, ni nos cerramos en un círculo vicioso, es un fanatismo cotidiano y real. Piénsenlo bien, cuantas veces se han sentado delante del televisor con sus familias, y al mirar a nuestro alrededor, hemos observado como sus ojos como platos ni pestañeaban, delante del televisor, donde la conversación es casi nula o ronda alrededor del programa basura de turno, y que si intentamos apagar el televisor, casi nos comen.

O que en una discusión sobre políticos en un bar, con los humores de alcohol en la cabeza, se pase de las palabras a los insultos, y el compañero de discusión se ponga colorado y alterado, rondando según la fortaleza del corazón de cada uno, al infarto.

O en ese partido de fútbol, donde insultar al árbitro, al jugador contrario y poner a parir a la afición de colores distintos, es norma y regla obligada todos los fines de semana, y tantos casos cotidianos, donde el llevar siempre la razón y no respetar la contraria, llega al insulto y a la falta de tono, poniendo nuestras ideas por encima del contrario sin ponernos a pensar si son verdaderas y acertadas.

El fanatismo peligroso, es criminal y bárbaro, pero tengamos cuidado con el “normal”, con el que nos rodea normalmente y existe en cada uno de nosotros, esa fiera que llevamos dentro y que salta en cualquier momento, para desgracia de nuestra presa de turno y euforia de nuestra adrenalina. Respetemos, por muy difícil que sea, las ideas, modos de vida, creencias y en definitiva el ser de cada persona, como un bien común, para armonía de nuestro alrededor y nuestro personalmente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *