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LA VERDADERA HISTORIA DE LA RAZA DE LOS VAMPIROS CAPITULO 6

Los barcos ya no aguantaban más, la travesía había sido larguísima, las ultimas reparaciones
serias que se les hizo a la flota fue en los astilleros de la Casa de Odín. El atlántico norte no es
cualquier océano, los temporales a esas latitudes eran tremendos, el mar literalmente te
engulle y si quiere, te escupe, pero de nuevo otra gran ola te vuelve a engullir, muchas
personas de nuestros servicios, alojados en las bodegas, no soportaron los temporales con los
que nos encontramos, hubo muchas bajas. En la isla donde atracamos, las condiciones no eran
idóneas, Islandia con una pequeña colonia de un pequeño Clan no estaban por ayudar a una
flota no relativamente grande, pero tampoco tan pequeña. Pocas semanas permanecimos en
ella, nuestros respetos a la Casa de Odín le salvaron la vida a aquellas pobres gentes, que se
dedicaban a la caza de ballenas. Nos hablaron de la gran isla, mas al Oeste, así que decidimos
seguir rumbo.
Groenlandia es grande, pero también es fría, las personas de nuestros servicios morían por
congelación, se volvían azules y se les paraba el corazón, la supervivencia de nuestro Clan
estaba en juego, sin nuestros servicios no disponíamos de sangre fresca para nuestras dosis
diaria, aunque habíamos disminuidos nuestras ingestas, no podíamos permitirnos llevarnos
muchos días sin nuestro único alimento. En Groenlandia un antiguo Clan de una Casa ya
extinta, había logrado permanecer aislada y hermética en esa gran isla del océano norte.
Cuando nos vieron venir, reconocieron nuestros estandartes al instante y ante nuestro asombro
nos recibieron con honores. Debajo de las auroras boreales nos hablaron de sus ancestros, de
la antigua Casa de las Nieves y de su total exterminio por Casas mas poderosas del Sur. La
primera noche, salieron a pescar en unas grandes barcazas, para la cena nos pusieron varias
ballenas vivas encima de una gran loza de hielo. Nos hablaron de ellas, de las Casas que
habitaban los mares, de los mamíferos que las surcaban y que las dominaban. Nos hablaron de
las Orcas y su antigua enemistad con todas las Casas de los hombres, pues sus cacerías y
matanzas indiscriminadas durante toda la historia de la humanidad la hicieron enemigos
irreconciliables. Las Casas del Mar, tenían sus territorios, sus rutas y sus sitios de reunión como
cualquier Casa. Se comunicaban entre sí, se apareaban y cuidaban a sus descendientes, para
luego enseñarles sus costumbres. La gran Casa de Adán y sobre todo las grandes Casas del
Norte las cazaban, utilizaban sus cuerpos como comida, sus grasas como combustibles, fueron
verdaderos caníbales con esta Casa, que ya ni es, ni será ya nunca lo que, en los principios de
los tiempos, cuando el mar, todavía lo inundaba todo. Y también nos hablaron de los bosques
del suroeste, de lo poco que nos quedaba de llegar al gran continente, de las poderosas Casas
que lo habitaban y de sus riquezas. De modales suaves, quedaban pocos, sus pieles tenían un
tono blanco como la nieve. Tenían conocimientos en la reparación de barcos, así que aviamos
la flota como pudimos, nuestros servicios estaban casi esquilmados y este Clan no nos podía
asegurar la distancia que nos quedaba para llegar al Continente. Nos recomendaron que
cuando avistáramos las costas navegáramos mas al sur, al océano de aguas cristalinas, que
sorteáramos las islas, repletas de Clanes muy violentos y agresivos, que se alimentaban de la
carne de sus enemigos, si lográbamos llegar a salvo al suroeste, nos encontraríamos con un
segundo Edén, con Casas muy antiguas, con grandes conocimientos en astronomía y
matemáticas, pero nos advirtieron, cuidado con desembarcar en las costas más próximas a esta
isla, recordarlo, nos advertían, cuando oteéis la costa, no arribéis a ella, seguir rumbo suroeste
en dirección a las aguas cristalinas, si desembarcáis en las costas del noroeste las Casas que la
habitan en los grandes bosques perpetuos, en los territorios de la Casa Arborea, no os dejaran
salir, no os arriesguéis, os va vuestra vida. Me gustaría que vierais con que cara nos lo
advertían, era de pánico total, les aseguramos que seguiríamos sus consejos y no tendríamos
contacto con la Casa de los Arbóreos. Fueron a cazar varias ballenas vivas y la amarraron a los
barcos, así nos asegurábamos sangre fresca y ellos se quedaban más tranquilos. Una fría noche
zarpamos, rumbo suroeste, con un intercambio de armas y amuletos embarcamos rumbo al
continente.
Cuando llevábamos dos noches enteras navegando, las ballenas comenzaron a cantar, nosotros
antes no las habíamos escuchado, a las pocas horas del canto sentimos unos inmensos golpes
en las zonas del timón, no pudimos hacer nada, aunque herimos a algunas orcas, consiguieron
dejar sin control las naves, destrozaron con sus morros literalmente los timones de los barcos.
Cuando íbamos a la deriva, sentimos como los barcos eran como remolcados hacia una costa
que veíamos acercar. Unas inmensas ballenas nos empujaban con sus morros hacia la costa, en
un intento de evitarlo, nos subíamos a sus lomos y le clavábamos espadas y hachas, ellas se
alejaban del barco y se sumergían, dejándonos flotando en medio de orcas y tiburones
gigantescos. Nos estamparon sobre unos acantilados y cuando el oleaje embarrancó los barcos,
salimos como pudimos, para no morir despedazados por estas bestias. Los que llegamos a la
costa lo hicimos sin espadas, ni corazas, sin nada, todo se había quedado en los barcos,
alrededor de ellos la Casa del Mar custodiándolos, golpeaban los cascos, para terminar de
hundirlos. La situación se hizo complicada, en medio de una playa, en un territorio que nos
habían advertido que no tocáramos, con simples puñales como armas, si nos llevábamos
muchos días sin nuestra sangre, moriríamos. Barajamos muchas alternativas, desde construir
pequeñas balsas para llegar a los barcos mas cercanos a la playa, a intentar llegar nadando
amarrados a cuerdas, he intentar recuperar algo. De repente, una nube de murciélagos salió de
los bosques situados a nuestras espaldas, millones y millones de murciélagos oscurecieron el
cielo, los habitantes de los océanos, aquellos de la Casa del Mar que evitaban que llegáramos a
los barcos encallados, desaparecieron al momento. Al instante divisamos a lo lejos, a ambos
lados de la playa, a miles y miles de guerreros con lanzas de madera, casi desnudos, muchos
con arcos, otros con espadas de piedra, se acercaban a nosotros, habían reconocido nuestros
estandartes, cuando nos dimos cuenta estábamos rodeados de miles de hombres y mujeres, la
Casa de los Arbóreos nos daba la bienvenida. Fuimos desarmados y tanto los varones como las
hembras de nuestro Clan fuimos despojados de nuestras ropas, fuimos embadurnados con
unas pinturas verdes y atados por las muñecas nos condujeron a sus territorios. La Casa de los
Arbóreos vivían en lo que hoy en día es el Canadá, un territorio inmenso, gigantesco, cubierto
en su totalidad por inmensos bosques, con arboles milenarios, el gran bosque del norte de
América fue el territorio elegido por los Arbóreos. Sus viviendas, algunos auténticos palacios,
estaban colgados de los grandes árboles, vivían todavía en una edad de piedra, no conocían los
metales, ni la agricultura, vivían de la muy abundante caza y de la recolección de los frutos del
bosque, sus grandes ciudades colgantes, convertían a esta Casa en algo muy particular. Su piel
era de un tono verde, todo el territorio se dividía en muchísimos Clanes, cada uno controlaba
inmensos territorios del bosque, de árbol en árbol, habían construido grandes pasarelas con
fuertes cuerdas, que comunicaban las ciudades flotantes unas con otras, sumamente pacíficos
entre ellos, no toleraban visitantes externos a la Casa, pero no los mataban, los hacían esclavos
y servían en los trabajos mas penosos de la ciudad, nunca se les permitía que volvieran al
suelo. A nosotros por nuestras características especiales fuimos introducidos en jaulas de
madera colgadas de los más altos árboles, ahora empezaba nuestro calvario.
Se reunieron todos los jefes de Clanes de la zona noreste de Arborea, allí en sus palacios
flotantes decidían que hacer con nosotros, jamás se nos alimentó, fuimos muriendo de hambre
entre terribles sufrimientos, cuando espantados escucharon nuestros lamentos, decidieron
cortar las cuerdas de las jaulas. Debido a la gran altura, dieron por hecho que nos habíamos
matado en la caída, desde lo alto se veían los restos de madera y nuestros cuerpos esparcidos
por el suelo, decidieron que bajarían a por nuestros cadáveres por la mañana, las alimañas
nocturnas de aquellos bosques acabarían el trabajo. Que poco conocían a los Vampiros, a pesar
de nuestras heridas por las caídas logramos reponernos, ayudando a los más delicados,
empezamos a correr por esos bosques infinitos, cuando descubrieron que no nos habíamos
matado en las caídas, rectificaron y decidieron darnos caza. Corrimos, corrimos todo lo que
pudimos, nos alejamos de las pasarelas, los Arbóreos las estaban utilizando para lanzarnos
dardos envenenados y flechas con puntas de piedra, nos adentramos en los bosques dirección
sur, nos escondíamos en madrigueras y pequeñas cuevas, mientras estos humanos de tez verde
nos buscaban como locos por el día. Cuando algunos se despistaban y se alejaban mucho del
grupo, lo cazábamos, por las noches ellos volvían a las alturas y nosotros volvíamos a
adentrarnos en los bosques. Mas al Sur, los Clanes existentes, dejaron los arboles y se
asentaron en grandes poblados cercados con grandes empalizadas de madera, nos alejamos de
estos poblados y seguimos ocultándonos, caminando por las noches, guiados por las estrellas,
que a muy duras penas se entreveían por las copas de los grandes árboles. Tuvimos que
atravesar cientos de lagos y ríos, este territorio, de la Casa de los Arbóreos era muy rica en
agua, la vegetación frondosa facilitaba que muchísimas especies de animales vivieran en su
interior. A medida que bajábamos al sur, los poblados se fueron distanciando, los bosque iban
desapareciendo y el territorio cambió, nos encontramos con unos paramos inmensos, grandes
llanuras, con pequeñas elevaciones del terreno, ahora podíamos ver y ser vistos a cientos de
kilómetros, muy seco y con poca agua, era un territorio áspero para sobrevivir. Seguimos con la
intención de dirigirnos al Sur, decidimos seguir andando por la noche, por el día
permanecíamos semi enterrados a las sombras de algunos matorrales, en la distancia veíamos
grandes columnas de personas. Los adultos remolcaban con unos palos entrelazados a los
niños, personas mayores y diversos útiles, necesarios para los campamentos que montaban
por la noche. Esta Casa, cuyos cuerpos eran de color rojo intenso, llegaron a los territorios que
ahora son E.E.U.U y se asentaron por Tribus y Clanes, su evolución no había pasado de la edad
de piedra y en grandes grupos, recorrían los territorios cazando y recolectando las distintas
hierbas que crecían. Manadas y manadas de herbívoros hacían grandes recorridos en busca de
agua y tanto animales como personas, seguían las rutas que miles y miles de años atrás habían
recorrido ya sus antepasados. Vestían con la piel de los animales que cazaban. Con vistosas
plumas identificaban a sus Clanes, había buena armonía entre ellos y raras veces tenían
enfrentamientos entre sí, respetaban a la tierra y sus ciclos anuales y con sus poblados
desmontables recorrían el territorio según las estaciones. No tuvimos contactos con ellos, pues
en varias ocasiones que nos vieron, no pusieron intención en comunicarse con nosotros, al
reunirse grupos tan inmensos, nosotros también optamos por no acercarnos, la abundancia de
herbívoros de grandes dimensiones nos facilitaba la ingesta de sangre para nuestro Clan y
aunque menos sabrosa, decidimos no arriesgarnos a la lucha, esta Casa de cazadores innatos
nos podían vapulear. Nuestra estrategia era clara, llegar a la Mesoamérica, donde el resto de
nuestro Clan se había establecido. Días y días de caminatas nocturnas por las grandes llanuras
que dieron paso a los desiertos y días y días de caminatas nocturnas por un desierto, inhóspito
y maldito. Decidimos mandar a unos pocos de nosotros, con un mensaje lacrado, intuíamos
que nuestras miserias estaban a punto de terminar, decidimos quedarnos en un pequeño oasis
y esperarnos a recibir noticias. Nuestro periplo por el norte del continente nos había
asombrado, no por la grandeza de los territorios, sino por el nivel evolutivo de estas Casas, que
no habían pasado de una edad de piedra. Los Arbóreos, aprovechando y nutriéndose de los
bosques del norte y la Casa de los Pieles Rojas en un estado de nomadismos continuos, que
habían provocado que miles de Tribus y Clanes rotaran por el territorio, al ritmo del clima y las
grandes manadas. Reuniéndose en días y fechas que ellos consideraban mágicas, los Clanes se
relacionaban y se multiplicaban en paz y armonía, el final de estas Casas llegaría mas bien
pronto que tarde. Cuando con el tiempo, las Casas de Europa, en un estado evolutivo muy
superiores en cuanto al uso de tecnologías y técnicas de guerra, descubrieron estas tierras, el
exterminio fue total, muy pocos sobrevivirían a la masacre, las Casas europeas no estaban por
la labor de compartir los territorios. O todo o nada. Los Arbóreos, nada pudieron hacer con las
balas de los rifles que ya empezaban a utilizarse en las guerras, la pólvora, el diablo negro,
como la llamaban hizo estragos en Norteamérica. La introducción del caballo, desaparecido
desde muchos milenios en esta parte del mundo, hicieron que las grandes distancias en las
llanuras se acortaran, los disparos de las escopetas volvían locos a los grandes herbívoros y sus
migraciones anuales variaron, a los Pieles Rojas les alteraron sus ritmos de vida, cuando se
reunieron las Tribus y los Clanes para declararles la guerra al invasor, ya fue demasiado tarde. A
las Casas europeas ya les habían dado suficientemente tiempo para asentarse en las costas del
este, colonizándolas y creando un tráfico de mercancías y de personas entre Europa y América
como nunca antes se había visto. La migración bestial que sufriría este continente, fue a
cambio de la exterminación total de la Casa de los Arbóreos y de casi la aniquilación de la Casa
de los Pieles Rojas. Todo esto ocurriría mucho, pero que mucho más tarde, todavía quedarían
muchos siglos hasta este trágico desenlace, ahora nos daban la bienvenida unas Casas
establecidas en el centro y sur del continente, con unas características muy pero que muy
particulares. Nosotros al poco, recibimos un mensaje de nuestros hermanos, traídos por un
gran numero de nativos de la Mesoamérica, dándonos la bienvenida al istmo y ofreciéndonos
su sangre como signo de amistad.

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