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Memorias del último pájaro

Exhausto, cansado, agotado hasta el límite, cruzó las tierras de norte a sur, de oeste a este en busca de buenas temperaturas, de alimento, de buenas tierras donde anidar y reproducir. Es curioso cada vez los viajes, se me hacen más largos, ¿será que me estoy volviendo viejo? ¿O quizás las buenas tierras están más lejos, más difíciles de encontrar?, es curioso, ¿por qué será que en mi especie llegan tan pocos a la vejez?. Busco el clima apropiado para la reproducción de mi especie, busco una tierra donde anidar, encontrar una buena compañera y madre para mis polluelos.

Cada vez somos menos y menos los espacios naturales en donde sobrevivir, nuestra batalla a la vida pasa por una lucha constante con el ciclo natural. Esos problemas diarios son insignificantes, monótono, la lucha por encontrar alimentos, cada vez más escasos y más lejanos de encontrar, donde uno tiene que volar millas y millas a la redonda, escuetando cualquier detalle que me diga que hay comida a la vista, con cuidado de no encontrarme, a mis más fieros enemigos naturales, los que acechan también ellos, con el estómago vacío. El cazar comida, el mantener a la prole, el saber engañar a aquel que gustaría en su cazuela, el despertar con nuestro mismo sol y el descansar al anochecer. Cuando el clima me es desfavorable, y el frío o la sequía, me obligan a emigrar a espacios más propensos para seguir esta lucha diaria por la supervivencia, mi vida se ve segada en décimas de segundos, o quizás mi vida estaba ya acabada antes de empezar a volar, por un enemigo mayor, desconocido y más cruel que el mayor y más rápido de mis enemigos naturales, el hombre acecha, con su manto de destrucción y miseria hacia la vida salvaje y natural.

Se dicen humanos, aunque pertenezcan como casi todos nosotros a la especie animal, se creen los más inteligentes, aunque no creo conocer a ninguna especie animal sensata, que se autodestruya a si misma, y que el matar y asesinar entre ellos y a otras especies hasta aniquilarlas, creyéndose capaces de hacerlo por su inteligencia y dominación hacia ellas.Redes fantasmas se cruzan en mi camino, atrás dejo buenos compañeros y buenas familias enganchadas en una red invisible, funesta y criminal, aprovechan mi agotamiento y por ello mis vuelos bajos y mi fe ciega por la esperanza de un destino próximo, después de un viaje largo y agotador, en que las fuerzas casi me abandonan minutos antes de encontrarme con una cortina de muerte y agonía.Trampas traicioneras, ¿acaso se creen más inteligentes, si juegan con el hambre y el alimento de mi familia?, donde desesperado, después de rondar el campo vuelo tras vuelo, débil por el estómago vacío, ciego de alegría al intentar coger mi presa matutina, nos encontramos con una zarpa mortal de necesidad, ¡pobres los moribundos!. Mi vista distingue, cientos de metros, de cadáveres muertos al sol, en una línea mortal hasta el horizonte.

Lluvia de plomo: Poco son los que conozco, a lo largo de mi vida de perenigración, que puedan contar como yo, lo que es una lluvia de plomo, es curioso pero de todos los fenómenos atmosféricos que conozco, las lluvias torrenciales, las lluvias de granizo, las lluvias de rayos y truenos nada son tan mortales y funestas para mi especie, como la lluvia provocada por el hombre con una escopeta y un cartucho. No conocemos de lo que llaman cotos o vedas, de alambradas o fronteras.Nos atraen con alimento, nos esperan a reproducirnos y al final caemos de uno en uno, de dos en dos, de tres en tres o de mil en mil. Sangriento y bochornosa afición.

Química en las plantas: En el campo, no todo es comer y cantar, hay plantas buenas y otras malas, conozco a algún que otro colega, que en paz descanse, que por no saberla reconocer, no lo ha contado. Que disfrutando del manjar de una fruta sabrosa y escandalosa ha sentido su boca y luego su vientre envenenado traidoramente. Hay que saber reconocer si un campo es del hombre o del animal, de lo contrario todo alimento comido en campo humano es venenoso y mortal. Existiendo variados venenos extinguidos por la tierra, habiendo que tener que reconocer, cual es el que mata al insecto, ¡despreciado manjar!, o cual el que mata al pájaro. Yo por si acaso… hace tiempo que aviso el comer en campos surcados por no sé que cosa.

Desastres ecológicos: Siento que ya llegó, ya lo noto, el final de mi viaje está cerca, los que sobrevivimos al viaje nos sentimos contentos y esperanzados, venimos del caluroso sur o del frío norte, hacemos una paradita en el camino y nos encontramos un manto de muerte y destrucción.Los ríos, los mares, los campos, las plantas, los animales, todos se asfixian y sucumben frente a un agente extraño sin vida ni control. Materias creadas por el hombre, se supone que para su bien, son incontroladas y esparcidas por nuestra tierra común, aniquilando todo lo que encuentra a su paso.La muerte por fin ha llegado a mi cuerpo, yo y los que me rodean, mis compañeros, no sobrevivimos a una trampa más, mi muerte, aunque pienso que temprana, ha llegado al fin. Aniquilados poco a poco por la especie humana, muero contesto, mis experiencias campestres, mi día a día en el campo libre y en convivencia con los míos, viendo y conociendo esos amaneceres y anocheceres, me hacen morir en paz, pero en el fondo, en mi último suspiro de vida, recuerdo la causa de mi muerte y me contraigo de dolor y rabia y sufro. Sufro por esas crías de humanos, que por sus padres inconscientes y despiadados no nos conocerán en vivo y en directo, los encantos de nuestra especie las aves, no verán por culpa de sus mayores el vuelo de un pájaro, el sonido de nuestros cantos, ni la belleza de nuestras plumas y nos recordarán como especie extinguida a lo más recordadas en jaulas prisioneros de su maldad, o disecados en formas diabólicas o encerrados en su tecnología inmortal, a la que llamarán videos documentales o en “discos de ordenador”.

Y como última esperanza de librarnos de este horror, cuando se den cuenta del fallo cometido una vez hecho, nos catalogarán como especie en vías de extinción, y se sentirán orgullosos de protegernos, cuando ya casi no nos quedará esperanza y ya seamos tan pocos, que nos contarán con los dedos, nos intentarán salvar y se darán cuenta de lo que verdaderamente valemos, y a nuestros asesinos les pondrán multas por nuestras muertes, ¿es que la vida de un animal tiene precio?, y nos pondrán dispositivos de búsqueda para contabilizar las últimas bajas y seremos añorados por los abuelos, y los padres, convencerán a sus hijos de que el exterminio de tal o cual especie fue provocado por no sé que historia. Y ya será tarde, y sus hijos que un día serán padres y a la vez tendrán hijos ya no podrán convivir con nosotros en este mundo para muchos cruel, aunque siga siendo maravilloso, y ni nosotros podremos disfrutar de un nuevo amanecer ni ellos podrán disfrutar de nuestros vuelos rasantes, ni nuestros cantos divinos, y al final seremos un recuerdo al que tarde o temprano se olvida.

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