Metal, preciado metal, la evolución del hombre la inició la edad de los metales. El fuego, y con ello la fundición, la moldeación y la aleación. La piedra, la madera, ni comparación tenían con el preciado metal. Armas para la caza y la guerra, supervivencia, el pueblo con más metales y con más hombres que supieran trabajarlos, extraerlos, utilizarlos y ¿por qué no?, recuperarlos, era el pueblo triunfador.Desde el inicio de nuestra existencia, la utilización del metal ha sido comprobado por civilizaciones de alto nivel cultural, pueblos cuya organización y legislación supusieran resolver muchos esfuerzos de extracción, de importación, de fundición, de enseñanza, de saber convivir y utilizar tantísimas formas de dar y trabajar el metal.
Revolución industrial, salto de años e incluso hasta ya nuestros días, el hombre es lo suficientemente inteligente para construir y utilizar la maquinaria pesada, la necesidad de la ciencia de la gente de la mecánica, el torno y la fundición es esencial, las fábricas, el motor, la maquinaria pesada, las estructuras metálicas, los coches, los buques, el metal requiere de un nivel de conocimiento muy amplio. El alto nivel de civilización y supervivencia requieren el más alto nivel de conocimiento del saber utilizarlo y trabajarlo.
Con ello la era moderna, la acumulación de metales desechables y no aptos para su utilización son almacenados y desechados, debido a tal revolución, la sociedad deja a un lado la madera y la piedra y utiliza como materia prima el metal, para variadísimos y numerosos trabajos, moldea y da formas, innumerables objetos y utensilios, máquinas, vigas, tuberías, objetos de uso común, que con el tiempo se hacen imprescindibles para la vida diaria.
Tal cantidad de material y debido al uso y consecuentemente al desgaste, se produce un volumen exagerado de material inservible, a la que se la denomina chatarra. Esta chatarra en volumen desproporcionado es vuelta a ser aprovechada por el trabajo, duro, e infatigable del chatarrero.El chatarrero, sabe Dios desde cuantos cientos de años, se pierde en la historia de la humanidad, quién sabe si desde el inicio de la edad de los metales, recuperando, clasificando y acumulando, cada objeto fabricado de metal existente en cada período temporal en el que le haya tocado vivir, para una vez clasificado y limpio, (hierro con hierro, cobre con cobre, bronce con bronce…) pueda ser llevado a los altos hornos, para allí de nuevo, poder ser fundido y vuelto a ser en esencia lo que es: hierro, cobre, bronce, plomo… y una vez fundido, ser moldeado para darle la forma deseada.Hoy en día, el negocio de las recuperaciones, se ha hecho imprescindible económicamente y debido al volumen existente de material, toneladas y toneladas de metales son fundidos y vuelta a poner en funcionamiento, en una rueda que no tiene final. Por otra parte, nuestra querida y vieja tierra, no dispone de unos recursos inagotables, y las entrañas de la tierra, sabe Dios hasta cuando nos beneficiarán, a coste del alto precio a pagar por ello. A nivel ecológico, las recuperaciones tienen un valor incalculable, imagínense ustedes si la chatarra no fuera recuperada, y tuviera que ser tirada en los basureros, cuantos años, tardaría el metal en degradarse, y también sería tal la acumulación, que no pasarían muchos años, sin que al salir de la puerta de nuestras casas, nos encontráramos con miles de lavadoras rotas o miles de cacharros que no nos dejarían ni abrir las puertas del portal.
El mundo evoluciona, y con ello los negocios y las formas de trabajarlos, hoy en día los materiales recuperables son interminables, el metal y sus aleaciones, el papel, el plástico, el vidrio… y la industria ha creado máquinas e instrumentos para el buen desarrollo de la rama de la recuperación. Desde la antigua báscula, la pequeña para pesar pequeñas cantidades de material, a la grande con capacidad de pesar camiones de gran tonelaje a máquinas de grandes dimensiones, capaces de picar el hierro al tamaño exigido por Siderúrgicas. Retros y camiones grúas que tienen incorporados en las prolongas de las grúas, una máquina llamada pulpo, esenciales para el transporte y manejo de la chatarra, máquinas capaces de empaquetar en fardos el cartón y el plástico, y hombres. Hombres especialistas en su trabajo; operarios de máquinas especiales, sopletistas que con sus sopletes desguazan y cortan materiales que ni siquiera las máquinas pueden meterle el diente, o que con sus sopletes dejan el metal limpio de otros metales, de plásticos y maderas, imprescindibles para su fundido en Siderúrgica.El chatarrero compra un kilo de hierro y después compra dos y así tiene tres, después compra seis y así tiene nueve, y así comprando y comprando hasta que reúna un volumen lo suficientemente abultado para vender.
El chatarrero compra material, que a lo mejor tiene hierro y cobre, o bronce, o ¿basura?, lo trabaja, lo clasifica en su lugar correspondiente y así saca por un lado el hierro y por el otro el cobre, esto es así y sabe Dios desde cuando se ha hecho y se seguirá haciendo.Por otro lado, el buen chatarrero debe saber, qué material puede tener otro uso, viendo si el metal está en buenas condiciones, y averiguando qué otro uso se le puede dar; así, guardando hierro de ferralla, se pueden convertir en magníficos hincos para vallar, tuberías, vigas, chapas… que por ser sobras en las obras para lo que se compraron, pueden ser utilizados en otras de menor envergadura, maquinaria que por faltarle alguna pieza, son inutilizadas, pero que a la vez, pueden servir para recambios de otras máquinas, el universo de posibilidades es inmenso, y la demanda aún más.Las recuperaciones, un negocio del pasado, del presente y de futuro, un negocio en creciente evolución, mirando por la economía y el medio ambiente del territorio establecido.
