El número de razas, costumbres y formas de vida en este mundo cada vez más habitado, es impresionante.
Si lo redujéramos a colores de la piel o continentes en los que se divide, seguramente reduciríamos la proporción en número.
Pero si, contando siempre a nivel mundial, pudiéramos dividir el mundo, en dos partes, esa división sería, sin tener nada que ver con el continente o país donde se viva, la división económica.
En todo y cada uno de los continentes, en todos y cada uno de os países, existe la diferencia económica, entre ricos y pobres, y si pudiéramos contabilizar la diferencia de caracteres, culturización y rentas, entre unos y otros seguramente no acabaríamos nunca. Diferenciando, entre los más ricos entre los ricos, y los más pobres entre los pobres, pero si pudiéramos hacer una gran lista de diferencias y similitudes entre los dos grandes bloques, en los que hemos dividido nuestra querida tierra, ricos y pobres, seguramente una de las similitudes convergentes que nos encontraríamos, sería por ejemplo, la diferencia abismal de las condiciones de independencia entre la juventud rica y pobre o la relatividad de unos y otros sobre el sentido económico, para dicha independencia o la relatividad del más o menos dinero, para tener el espíritu independiente.
Y es que no podemos negar, que aunque las condiciones de vida de uno y otros sean completamente diferentes, tanto en lo económico, en lo social o en lo intelectual, en lo referido a la independencia, dependiendo del espíritu emprendedor de la persona, así será de temprana o tardía su emancipación. El adinerado tendrá la suerte de que, contará con unos buenos estudios e incluso empezará su futuro con una buena base montada por sus padres, mientras que el pobre, tendrá que empezar de cero e ir luchando paso a paso con su futuro, pero tanto uno como otro atendrán que dar el paso definitivo por sí solos, sin la ayuda de nadie, y ese paso no dependerá del factor económico, aunque algo tenga que ver, dependerá del estado de madurez de la persona en cuestión y de lo arraigado que esté ésta a sus lazos familiares. Curiosamente la independencia de no, será un paso celebrado como un acto de madurez, mientras que en el otro, será un paso necesario para poder aliviar la economía familiar, ya que a más temprana emancipación, menor carga familiar, y al contrario, si la independencia se retrasa, la carga familiar será en exceso duradera y pesada.
El factor económico por parte de la persona que aspira a su independencia es verdaderamente importante, ya que de ello depende el mejor o peor estatus en el escalafón de vida, su desenvolvimiento a nivel de gastos necesarios, como es el hogar, la alimentación o los hobbies. De ello depende en grado como, mantenimiento de un trabajo fijo o una remuneración salarial aceptable, para ello nuevamente y contrariamente al pensar de muchos, que siempre le echan la culpa a todo lo ocurrido, al estado o a la sociedad, depende también el estado anímico espiritual de la persona, dependiendo del modo en que se mueva y luche, dependerá de su bienestar y su confort, de nada vale quejarse y echar las culpas a todos y a todo, sin ponerse a preguntarse si el verdadero culpable es él, al estar muy a gusto y cómodo en el hogar paterno, chupando de la sopa boba, sin preocupaciones mínimas y dejando pasar los años y años, esta claro que el dicho popular querer es poder, también es en relación al trabajo, ya que si te mueves y aspiras a algo la lucha y el tesón es fundamental.
Pero como todo en la vida, todos somos diferentes y todos aspiramos a algo diferente, y dejando claro que el factor económico es importante, habrá algunos que nunca estén contentos con el dinero disponible, por lo cual nunca estarán listos para emprender el camino, mientras que otros irán luchando día a día, incluso con lo justo, pero felices de su independencia parcial, felices en lo referido a su libertad espiritual personal, pero esclavos por su libertad económica, lo que pasa, es que, el que tiene espíritu libre, aunque las contrariedades sean infinitas, nunca se quejarán, y seguirán la lucha sin descanso ni respiro, mientras que el de espíritu quejoso, aunque no le falte de nada, siempre pondrá trabas a su independencia, y si les faltara algo, se quejarán sin descanso, agobiado incluso a los que están a su alrededor.
Está claro, que la independencia de la persona es proporcional al espíritu emprendedor de ésta, y aunque el factor económico es una ayuda importante, no es lo principal para conseguir este estatus, y si la libertad espiritual, la lucha constante y el querer la emancipación, a costa de los problemas que acarrea, mínimos en comparación con las ventajas.
Enumeren unas y otras, y dependiendo del espíritu que tengan, emprendan el camino o quédense en sus casitas de chocolate, elijan, de ustedes es la elección.
