Caminante no hay camino, se hace camino al andar. No hay frase más bien hecha y que exprese una verdad tan grande como la que proclama nuestro conocido cantautor. Y es que en verdad, una sola frase abarca una forma de hacer y comenzar; el echarse a andar por ese camino que tú empieces a forjar.
Al igual que en muchos cuentos populares, el camino que uno intenta emprender siempre empieza en una casita muy bonita y acogedora, donde el sol siempre la calienta en invierno y misteriosamente, en verano siempre le da sombra, un enorme pino de proporciones gigantescas. Puede ser una casita humilde y acogedora o también puede empezar en un palacio de grandes torres y balcones, pero curiosamente sea casita o palacio donde empiece, sea ancho o estrecho, sorteando un puentecillo o al otro lado de una loma, siempre atraviesa un bosque profundo y oscuro, con tanta vegetación que nos impide ver más allá de unos metros, con unos árboles tan compactos unos con otros que los rayos del sol no se atreven a llegar al suelo, convirtiéndolo en más oscuro e incierto, y si nos adentramos unos metros en nuestro camino que atraviesa nuestro bosque, seguramente empezaremos a oír a las alimañas que lo pueblan, provocándonos al instante, sobresaltos y emociones de alta intensidad.
Pero como en todos los cuentos populares, por muy calentitos y guarnecidos que estemos en nuestras casitas o palacios, con nuestras madres haciéndonos pasteles y tartas de fresas, esperando a nuestros padres que vengan de cazar liebres o que terminen de despachar asuntos importantes de estado, y por mucho que el bosque nos crea incertidumbre, provocando en nuestra imaginación mil y un acontecimientos, por mucho que la maleza nos impida avanzar, los caminos están hechos para ser recorridos por ellos, hay que andar por ellos, porque todo camino tiene su principio, su trayecto y su final. Porque su principio puede ser una camita pequeña y acogedora o un palacio inmenso y fantástico lleno de hermanos y comodidad, porque su trayecto puede tener unas vistas maravillosas o con parajes desérticos, porque el bosque puede ser más o menos profundo, porque el caminante puede ser más o menos experto en su caminata, pero hay algo esencial en todos los cuentos al igual que en la vida, y es que si no sales y no haces el trayecto jamás sabrás que es lo que te espera al final incierto del largo recorrido. Y por muy alto que te subas en unas de las torres, aunque te subas a la montaña más alta que haya alrededor de la casa, aunque veas parte del camino, aunque con un telescopio gigantesco logres ver el posible tesoro que te espera al final, no será tuyo hasta que empieces a caminar, atravieses el bosque y finalmente cojas lo que has ido a buscar. Porque tú no has salido nunca de la casa calentita, y te da miedo perder esa seguridad fraternal del hogar, porque es ese bosque oscuro y no sabes lo profundo que será, porque nunca has recorrido un camino tan largo, conoces algunos metros, pero lo conocerás a medida que te vayas adentrando en él, porque el final es incierto y no sabes lo que te depara, tesoros o maldiciones.
Pero al igual que la canción, caminante es el que camina, tú te haces camino al andar, camino incierto y desconocido, pero hecho para caminar por él, esta claro que el empezar a andar, dar el primer paso y después el segundo es lo importante, el disfrutar del paisaje y llegar al final feliz y contento es el objetivo. Suerte.
