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Huelva

Me gustaría ser como un pájaro, y poder ver como él, mi Huelva desde los aires.

Esa Huelva costera, salpicada y acariciada por ese océano atlántico, donde el pino verde y sus innumerables pueblos costeros derrochan belleza y simpatía, donde sus tierras agradan a los ojos, con campos de fresas, naranjos y campos rebosantes de vida y colorido. Pueblos marineros, con olor a sal y a pescado fresco, donde sus hombres se echan a la mar inmensa, para traerse con esfuerzo y trabajo los habitantes de la mar y agricultores del litoral, que ahondan en la tierra, para sacar tan ricos frutos.

Me gustaría sentir como el jabalí, la tierra mojada por el relente de la mañana, recorrer de montaña en montaña, nuestra sierra huelvana, y sentir la adelfa y la jara en sus lomos peludos y correr entre encinas y alcornoques escuchando a lo lejos las escopetas y al perro, del cazador insaciable, Sierra de cante jondo, de agua y de vida, de chacinas y jamones, de grutas y castillos, de Tinto, de Odiel y de Guadiana y de montañas y de andévalos y de minas y de mineros que escarban la tierra para extraer tanta riqueza, minas milenarias, y gente serrana que se levanta en la sierra, vive y duerme en la sierra, generación tras generación…

Me gustaría ser copa, y ser llenada de vino del condado, vino fino y sabroso, vino de tantas bodegas onubenses, vinos tratados con cariño y sabiduría, por gente que deleitan con su saber, los jugos de la vid.

Y me gustaría ser un trocito de marisma, para poder contemplar a una ciudad de conqueros y palmeras, una ciudad de Cintas y de Rocíos, una ciudad descubridora y de fandangos, una capital de puertos, sierras, y fronteriza, una capital trabajadora, de gente de montaje y de la industria, una ciudad alegre y andaluza, mi Huelva, ciudad y provincia, paraíso andaluz y belleza mundial.

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