Y es que, al igual que las más grandiosas maravillas, al igual que los más preciados sentimientos, la felicidad no se disfruta de la noche a la mañana.
Antes de saborear tan preciado néctar, queda un sendero largo y sacrificado, donde la paciencia y la tolerancia son brújulas imprescindibles, en un mundo donde la búsqueda de un estado tan placentero como es éste, que es incompatible con la ira y el odio, sentimientos de por sí, desencadenantes de verdaderas desgracias en el alma humana.
Y aunque, paradójicamente el mundo esté lleno de caballeros andantes, místicos guerreros, adheridos todos ellos a la justa causa de la tolerancia y los derechos, poseedores todos, de unas armaduras de verdadero temple como es la paciencia y la gratitud, no nos debemos olvidar, del durísimo campo de batalla, en el que nos habrá tocado luchar por tan digno menester.
Y aquel valiente y osado caballero, que dijere que consiguió la victoria en una sola jornada, supongo que aún no sabrá de lo duro de la batalla.Y el pretender y menos insinuar llevar una vida, continua y asceta como la de un santo monje, es muy disparatado, pero no lo es tanto, el imitar al menos en lo posible, esa búsqueda del conocimiento, el conocimiento tanto exterior, avalada por la cultura de los libros, como el conocimiento interior, avalada por la espiritualidad.
El fin es gratificante y verdadero, el camino para la búsqueda de la felicidad todos sabemos que largo y en ocasiones muy duro, los ingredientes para tan exquisito manjar claros y reconocibles.Grandes cucharas soperas de paciencia y tolerancia, un colado exhaustivo de la cólera y el odio, un gran chorro de cultura literaria y varias pizcas de espiritualidad interior y meditación y conseguiremos un guiso de armonía y felicidad interior y exterior de sabrosas proporciones, pruébenlo y ya me dirán, yo, en ello estoy.
