Verdaderamente, pongámonos a pensar, preguntémosno, si verdaderamente disfrutamos, aprovechamos, vivimos cada minuto, cada instante, en lo que en sí merece la pena.Demos amabilidad, cariño, alegría, amor, a nuestros semejantes, a todas las personas con las que día a día nos cruzamos y convivimos. Preguntémosno si, agotamos todas nuestras fuerzas en dar cariño, en dar felicidad, a nuestras mujeres, a nuestros hijos, a nuestras familias, a nuestros vecinos, si no que, solamente “cumplimos” y damos un cincuenta por ciento de nuestras posibilidades y nos encerramos en banda, en nuestras preocupaciones y nuestros asuntos diarios y no nos damos cuenta de lo primordial, darnos felicidad mutuamente, de hombre a mujer, de hombre a hijos, de hijos a padres, de mujer a hombre, de mujer a hijos, de hombre a hombre, de mujer a mujer. Seguramente afrontaremos nuestros problemas mucho mejor, después de haber dicho un te quiero a nuestra esposa, o cogeremos el asunto que nos incomoda mucho mejor después de besar a nuestros hijos, o por lo menos nos sentiremos más a gusto. Y nos verán de otra manera, si hablamos más amablemente a nuestros vecinos o a nuestros compañeros de trabajo. El amor se ejercita de mil formas, el amor sale de dentro hacia afuera.
Tenemos que aprender a dar el cien por cien de nuestra fuerza vital, tenemos que hacer brotar esa fuerza que todos llevamos dentro, y demostrar amor, no esconderlo, no disimularlo, dejar escapar esa válvula de cariño y una vez abierta no cerrarla jamás. Nos sentiremos más a gusto con nosotros mismos y a la vez se sentirán más a gusto con nosotros.Limpiemos esa alma, de esa suciedad que nos estorba, que no nos deja ver, y reluzcamos de alegría y vida, seamos luces andantes, en un mundo de alegría y cariño. Apartemos nuestras furias y egoísmos, no nos arruinemos con materialismos inservibles, y no nos engañemos con sustancias inocuas. Todo es compatible con el amor, todo en este mundo es valedero, mientras se tenga de guía lo principal. ¿Tanto sacrificio?, sacrifiquémosno por lo verdadero, por lo que verdaderamente queda, por lo inmortal e imperecedero, y no esperamos agradecimiento ninguno, el hecho es agradecido en sí, ver reflejada la felicidad y el cariño a nuestro alrededor, es nuestro mayor premio. No nos demos por vencido antes de empezar, no nos engañemos pensando con que unos tienen más capacidad de dar que otros, todos los seres vivientes tienen esta fuerza en igual grado, solo es cuestión de dar y seguir dando amor, y ya todo saldrá por sí solo y nos daremos cuenta en qué estado de felicidad total nos encontramos, y somos capaces de dar.
Y perdonemos a aquellos, que todavía no han limpiado su ser, o los que sólo se preocupan de ellos mismos o en todo caso, de los de sus más íntimos allegados, y tengamos la esperanza de que abrirán sus almas y darán amor a todos y cuantos se encuentren en su camino.Y no sólo demos amor a las personas, amemos las cosas bellas, las situaciones bellas y construyamos entre todos un mundo de amor y armonía.
