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1ª LARGA MARCHA CAPITULO 5

Juanjo cumplió los 18 años dos meses antes de que el formulario de inscripción fuera subido a la web de la prueba. Con paciencia calculada se puso delante del portátil a las 23:55, faltaba 5 minutos para que la web empezara a admitir inscripciones. Pero es que la excitación del Equipo de Participantes fue real: literalmente a las 00:30 la web se colapsó y el Equipo de Participantes apuntó el numero en 3500 participantes. Juanjo fue rápido, logró colocar su inscripción y a los pocos minutos recibió el ok y un número de expediente para el reconocimiento médico. Cuando recibió el apto para la prueba y recibió el sobre con las instrucciones, comenzó sobre la marcha a preparar el macuto con la báscula del baño al lado para no pasarse en el peso. Ropa de salir y ropa de deporte, un par de zapatillas de repuesto, su neceser con las cosas de aseo personal, su bloc de notas….cuando salió para Sanlúcar de Barrameda ni se le ocurrió decirle a su hermana Angela que salía de viaje, hacía dos días que no se veían, utilizó la comunicación ordinaria, un posi en el frigorífico, ”familia, salgo para Sanlúcar, nos vemos en Ayamonte” y se dirigió camino de la estación de autobuses a coger los Amarillos.                                                                                        Juanjo era la naturalidad en persona, charlatán, pero sabía escuchar, risueño pero muy observador, hablaba varios idiomas pues había dado varias veces la vuelta a Europa. Sabía viajar a lo mochilero, sabía moverse sin muchos gastos, albergues, transportes públicos, viajes con pocos presupuestos, pero muy intensos. Le faltaba un año para terminar su carrera de Historia y cuando lo hiciera tenía pensado dar la vuelta al mundo. No muy alto, pero era muy guapo, su espontaneidad le hacía hacer amigos muy rápidamente, contaba a todo el que se cruzaba con él su participación en la prueba deportiva. Él no era muy deportista, pero si gustaba de darse sus caminatas de fin de semana. Vivía prácticamente solo con su hermana, sus padres separados, hace años que se turnaban en los periodos de convivencia familiar, pero cuando fueron creciendo, más confianza le daban para ser auto suficientes, aprendieron a cocinar y hacer las labores domésticas desde muy jóvenes. Cuanto flipó Juanjo cuando el autobús llegó a Sanlúcar, como pueblo más cercano a la 1ª Salida de la prueba, el ritmo cotidiano del pueblo costero cambio por un día, no solo aprovechaban sus últimas horas antes del inicio de la prueba. Iban a ser muchos días, quizás muy duros, la mayoría de los Participantes sabían que era su oportunidad para disfrutar del soleado día de fin de Julio, comer langostinos, comprar recuerdos, hacerse las primeras fotos. Se veían por todos lados grupos de personas, algunas vestidas todas iguales, otras solas y haciendo fotos, pero lo que se notaban es que eran participantes, se veían felices y sonrientes, veían la prueba como un acontecimiento lúdico y a muy pocos se les veía serios y distantes.                                                                                                                                                                                                    La tarde pasó, las cenas fueron finalizando, la mayoría de los participantes no querían quedarse muy tarde, pocos bebían alcohol y la noche de Sanlúcar con sus discotecas desperezándose no eran planes para los deportistas.                                                                  Pero no para voluntarios, jueces de pruebas, medios de comunicación, patrocinadores que al día siguiente se harían la foto, estas personas querían fiesta, no descanso. Todavía no sabían lo que les esperaba, muchos iban cobrando, además no iban a competir, las noches de agosto en el Golfo de Cádiz eran templadas y agradables y los bares y discotecas tenían las mesas en las terrazas, quien se podía reprimir a la última copita.                                                                                                                             Juanjo no tenía sueño, echó una cabezadita en el autobús y ahora estaba espabilado, los bares estaban llenos y su cordialidad les hacía hacer amigos donde paraba. Juanjo iba como las abejas de flor en flor, de grupo a grupo de personas, se divertía con todo el mundo.                                                           La noche avanzó y con ello la madrugada, las calles se fueron quedando desiertas, las personas cada vez más escasas en los bares apuraban sus últimas copas y caminaban directos a sus hoteles y albergues. Juanjo caminaba por el centro del pueblo un poco mareado, no había controlado y sus ganas de fiesta le habían confundido, le quedaban muy pocas horas para comenzar la prueba y el hostal estaba un poco apartado. En una noche oscura, un tramo de calle sin iluminar era una cueva, sí coincidían dos farolas fundidas en ese tramo, era oscuridad total. Por eso, se asustó un poco al toparse más adelante a un chico que llevaba como un dorsal, seguramente se lo había colocado ya, vio claramente el número 37. Se fue a adelantar un poco corriendo y de pronto aprovechando una pequeña esquina se paró, vio algo que le llamó la atención y también al 37, su intuición le hizo pararse y esconderse. El muchacho que llevaba colocado el dorsal 37 se dirigió a dos desconocidos que hablaban en la sombra, uno de ellos encendía un cigarrillo, jovial y alegre, quizás al escuchar algo de la conversación, se animó a entrometerse en ella, encendió la linterna del móvil que iluminó la cara de los dos desconocidos y en un perfecto ingles exclamó: –Hey ¿ustedes también son participantes de la prueba? Yo también.                                                                               Los desconocidos se taparon las caras con las manos al verse iluminados y salieron corriendo.                                                                                                                                       – ¿Hey ustedes que pasa?                                                                                                                                                                                            Y salió corriendo tras ellos, Juanjo se quedó de piedra, al día siguiente, lo buscó con la mirada hasta que decidió pasar por la línea de Salida, comenzaba la 1ª Larga Marcha y quería competir.                                                                                                                                                                        Los participantes de la Prueba, los familiares, los jueces de Prueba, los Voluntarios, los medios de comunicación, todos cogieron el ferry que les pasó la desembocadura del Guadalquivir de 7:00 a 7:30. A las 8:00 la Prueba dio comienzo, con un discurso no muy largo a los medios de comunicación, patrocinadores y publico asistentes que aplaudieron con júbilo al finalizar. Cada participante pasó por los puestos de control, presentaron su dorsal y los cronómetros comenzaron a funcionar. Uno a uno, cada participante pasó por el arco de salida, al 37 se le esperó hasta mediodía, cuando se le dio por nulo en la prueba por no presentarse. A las 21:55 de ese 1 de agosto fue encontrado en un contenedor de basura de un barrio de Sanlúcar el cuerpo sin vida de un muchacho con el dorsal 37 pegado a su camiseta. A los 5 minutos de que el servicio de basura diera aviso al cuartelillo de la Guardia Civil el sargento Pérez se presentaba con el Guardia Alonso en su Patrol oficia del Cuerpo en el lugar de los hechos. El Juez levantó el cuerpo, que fue llevado al hospital para que esa misma mañana, muy temprano se le hiciera la autopsia y dio instrucciones al sargento Pérez para que se localizara a algún familiar. A las 6 de la mañana del día 2 de agosto, cuando la 1ª Larga Marcha comenzaba su segunda jornada y algunos participantes empezaban a activarse y se iban preparando para pasar por el arco de Salida en dirección a la Meta de Mazagon, , comenzaba la autopsia del dorsal 37.                                                                                                                     

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