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1ª LARGA MARCHA CAPITULO 16

Juanjo, Kevin y Gallevi salieron temprano para la comandancia, quedaron la
noche anterior para salir juntos, estaban en el mismo hotel y podían compartir taxi. Los
Participantes con sus familias y acompañantes, muchos voluntarios también, salían
temprano para sus correspondientes destinos. La fiesta anoche fue la guinda al pastel,
pero ya tocaba recoger maletas y volver a la rutina diaria. Esperando al taxi Juanjo y
Lorenzo apenas habían coincidido, se conocían de vista, tantos días, quieras o no, te
cruzabas con alguien, pero realmente no habían mantenido una conversación larga,
apenas un hola y un adiós. Ahora, mientras los madrugadores se despedían y se
intercambiaban los últimos números de teléfono, Juanjo le preguntó a Lorenzo.
– ¿Se está hablando mucho por ahí que te dejaste ganar, que permitiste que los artilleros
llegaran antes?
– Tonterías, además, los artilleros llevaron todo el tiempo la delantera. – Lorenzo
quitaba hierro.
– Pero Lorenzo, yo estaba allí contigo, yo me paré contigo. – Kevin se metía en la
conversación.
– Mira, chaval, ganaron ellos y ya está. – Levantaba la mano, paraba un taxi, cuando
entraron los tres. – Lorenzo se dirigió al taxista. – Comandancia de la Guardia Civil, por
favor. – Durante el trayecto no se volvieron a dirigir una palabra.
Cuando entraron al Cuartel se dirigieron al Puesto de Guardia.
– Sargento Pérez, por favor. – Lorenzo Gallevi se dirigía al Guardia que estaba de turno.
– Esperen un segundo, por favor. – El Guardia cogió el teléfono, a los cinco minutos
bajaba el Sargento a la Sala Principal, y con los brazos abiertos saludó a los chavales.
– ¡Que bien, que bien! Muy tempranito, mejor, pasen conmigo. – Les señalaba con la
mano las escaleras por donde unos segundos antes había bajado.
A Juanjo y Kevin les señaló una puerta. – Pasen por ahí, por favor, ahora irá un
compañero y les explicará. A Lorenzo Gallevi le abrió otra puerta.
– Usted entre por aquí, en unos minutos comenzaremos. – El Sargento Pérez le ponía
una sonrisa de amigo.
– Oiga, yo no sé de qué va esto, ¿es por la desaparición de mi secretaria? les puedo
asegurar que no tengo ni idea donde puede estar, ni se despidió de mí, no tengo ni idea.
– Lorenzo Gallevi ponía cara de asustado.
– Tranquilo, hombre, no se ponga nervioso, con usted no va nada. – Pérez sonreía y
cerraba la puerta a sus espaldas, se giraba y abría una que había justo enfrente.
– Bien, los polluelos ya están en el corral. – Pérez se dirigía a las personas que estaban
en la sala.
Alba, Julio, Octavio, Alonso y el Capitán Martínez, que se interesó y estaba informado,
desde que se encontró el cuerpo de Pablo Casal en el contenedor de basura de San Lucar
de Barrameda.
– Bien. – El Capitán cogió el mando. – La mañana se avecina movidita.
El Guardia Alonso, cogió la palabra.
– El chófer del Huber, estuvo aquí a primera hora, ha identificado afirmativamente a la
mujer que está en la sala A, declara que su jefe le envió a un servicio, ir al aeropuerto de
Sevilla, esperar el vuelo de Madrid, recoger a esta mujer, una vez en el coche se dirigió
a él y le indicó su destino, el Hospital de Huelva, declara que en el trayecto no le dirigió
la palabra, se llevó todo el camino enviando WhatsApp con el móvil. Aparqué en el
hospital, ella entró en él y cuando salió, le comunicó la intención de que se dirigiera a
un punto entre Isla Cristina e Islantilla. Allí se puso en contacto con el hombre que
ahora está en la sala B, ella se dirigió andando hacia el pueblo, el hombre con el que
estuvo hablando se montó en el coche y le comunicó la intención de dirigirse hacia el
aeropuerto de Faro, después fueron detenidos por el Cuerpo, decir que ha identificado
también al sujeto de la sala B. – Alonso terminaba su informe.
– Llamaré inmediatamente al Juez, pediré autorización para requisar los móviles de los
sujetos. – El Capitán cogía el teléfono.
– Creo que no podemos tener a ese hombre más tiempo con la angustia. – Octavio se
dirigía al Capitán. – Aclaremos el asunto con él y centrémonos en los otros pájaros.
– Bien, vamos. – Pérez les abría las puertas y entraron todos juntos a la sala dónde se
encontraba Lorenzo Gallevi.
– ¿Pero esto qué es? Yo no he hecho nada, hombre. – Lorenzo Villegas con seudónimo
como Lorenzo Gallevi empezaba a ponerse nervioso al ver a tanta gente entrar en la
sala.
Uno a uno se fue sentando alrededor de una mesa alargada, entre el estruendo del
movimiento de las sillas, Alba le tranquilizaba y le hablaba.
– Tranquilo Lorenzo ¿Villegas ?. – Lorenzo, se puso un poco rojo. – Póngase delante de
este espejo, al otro lado hay una sala, ahora entrará una muchacha, queremos que nos
diga quién es para usted, cuéntenos quién es, la vimos con usted la noche de la gala, la
noche anterior.
En ese momento al otro lado del espejo, se abría una luz, se iluminaba una sala con una
mesita y una silla, en ese momento entraba una Guardia Civil acompañando a una mujer
a la que invitaba a sentarse.
– ¿Qué? Esa es mi secretaria, – se giró y se dirigió a las personas que estaban sentadas
alrededor de la mesa. – Como por lo visto habrán averiguado, soy Lorenzo Villegas,
conocí esta Prueba porque fui invitado, bueno, no yo, mi empresa, a participar como
Patrocinador, pero me gustó tanto la idea, que decidí ser Participante, lo preparé todo
para que la Organización no lo supiera así evitar posibles tratos de favor. ¿Pero porque
mi secretaria esta esposada en esa habitación?
Julio se levantaba de la silla y lo cogía de las manos. – Señor Lorenzo, sabemos de su
identidad al cogerle las huellas dactilares, sospechamos que alguien de los que
embarcaron en el paso de agua del Rompido a Nueva Umbría habría envenenado a
Marta, en el transcurso de la investigación, creemos poder demostrar que usted era
objetivo de una trama criminal, cuyo fin era su asesinato.
Lorenzo se sentaba en una silla y se giró hacia el espejo.
– Pero creo que no puede ser, mi secretaria siempre me ha sido leal.
El Capitán Martínez tomó la palabra.
– Si demostramos, como creemos poder demostrar, que su competencia directa en el
sector de la alimentación deportiva y de todo su holding empresarial, su competidor
directo vamos, el dueño de su más férrea competencia, tomó una decisión crucial con su
secretaria, que no era más que su amante y espía en su empresa, como no podía
competir a nivel empresarial, decidió acabar con su vida, contratando a un sicario.
– ¿Cómo, cómo? ¿Pero qué me están contando? – Lorenzo los miraba boquiabierto.
– Sus empresas siempre se quedaban con todos los contratos, sus precios y su calidad, le
hacían que los más férreos competidores no tuvieran cuartel, por mucho que ajustaran
precios, su empresas siempre se quedaban con los mejores contratos, creemos que por
motivos económicos, su más directo competidor, convenció a su secretaria para acabar
con su vida mediante la contratación de un sicario, por suerte para usted, este fue torpe y
demasiado despiadado con las victimas que por accidente se toparon con él.
– Lo siento mucho, pero me parece surrealista, es que es muy fuerte.
– Lo sabemos, mientras usted competía a un nivel altísimo, a sus espaldas se
compinchaban contra usted. – Octavio intentaba tranquilizarlo.
– Vale, ahora me pongo serio. – Lorenzo intentaba sobreponerse. – ¿Tendrán pruebas?
– Tenemos la declaración del chófer del Huber, tenemos una grabación en el hospital
hablando con el supuesto sicario, tenemos las imágenes del dron, pero está claro
necesitaríamos una declaración. – Pérez lo cogió de los hombros. – Si se confiesa con
usted, sería un triunfo, los otros sujetos pueden ser más duros de pelar.
Alonso le acercó una table, amplió un poco la imagen, al darle al pley, se reconocía
perfectamente como una chica se bajaba del coche con una maletita, se encontraba con
el dorsal 30, se besaban en la boca, la chica le daba el maletín y se dirigía al pueblo.
—Esa joven es su secretaria ¿no? Alonso retiraba su table.
–Isabel, Isabel, tantos años. Lorenzo se volvía a sentar, Octavio le puso delante un
móvil, buscó la grabadora, bajó un archivo, el silencio en la sala era muy tenso. Octavio
paraba, rebobinaba, le daba al pley, volvía a rebobinar, con ello le puso a Lorenzo varias
partes de la conversación.
–Aprovechamos el único instante que el sospechoso nos dejó para instalarle el
micrófono en la habitación, le metimos la pirula de que orinara para la Prueba del
doping, cuando entró en el wáter, bingo, la grabación no tiene desperdicio. Desde que lo
dejamos, hasta que abandonó la habitación el sospechoso hizo varias llamadas, además
de la reunión con su secretaría, escuche por favor. –Octavio volvía a coger la palabra.
Con el ruido de fondo del hospital, la voz de Isabel era inconfundible.

–Menuda chapuza, le dije a Toni que se gastara más dinero y contratara a un tío con
más agallas. –Octavio paraba y rebobinaba hacía delante.
Toni me ha llamado, ha decidido terminar con la operación, dos muertos son muchos
muertos, además al palomo ni lo has tocado. –La voz de la secretaría se escuchaba
perfectamente. Octavio volvía a adelantar un poco la grabación.
–Ahí tienes los billetes del vuelo, pasaporte, dinero, cuando nos veamos en Rio
decidiremos, Toni sale en un vuelo del aeropuerto de Faro, no quiere arriesgarse,
considera que se está jugando mucho, ha decidido intentarlo en otro escenario, quizás
más adelante, ahora pies en polvorosa. –Octavio cogiendo de las manos a Lorenzo lo
miró a los ojos.
–Si se confesara con usted tendríamos el caso casi resuelto, aunque ella no fuese la
culpable material de los asesinatos, si puede ser condenada como artífice intelectual,
ella y Toni Montanelli, pero necesitamos una confección.
–Si, por supuesto que acepto, he confiado muchos años en ella. –Lorenzo volvía a
ponerse de pie, miraba fijamente al espejo donde se veía a su secretaría en la otra sala
sentada y apoyada en una mesa enfrente del mismo espejo, acompañada de una Guardia
de píe, lo miraba fijamente, se le observaba como se le resbalaba las lágrimas por la
mejilla. No quiso ayuda jurídica. Alba quiso mediar.
–Si no quiere, no pasa nada, tenemos las pruebas que la incriminan, esperamos tener las
confecciones de los otros dos sujetos. Además, le respetamos mucho, el aporte de sus
empresa, tanto en lo económico como con los medios a la Prueba ha sido muy
importante, su ayuda ha sido muy reconocida, el hecho de que participara de incógnito
lo engrandece aún más, además tenemos las grabaciones de los drones, sabemos que el
ultimo trecho usted dejó pasar a los artilleros, está grabado amigo mío, usted podía
haber ganado, sin embargo los dejó pasar.–Lorenzo hizo un intento por sonreír.
–Bueno, bueno, me dio un tirón, –guiñaba un ojo a Alba–, lo de competir de incógnito
lo preferí, así no quería tener favoritismos bajo ningún concepto, debido al aporte
económico que facilité a la Organización como Patrocinador no podía arriesgarme.
El Capitán no quería perder más tiempo.
–Si ella confesara, no olvide que a pesar de que usted prefería ir de incógnito, le dio
información privilegiada a estos dos bichos que están ahí al lado, tenemos el caso casi
cerrado, sugiero que comencemos ya y haber que pasa.
Lorenzo Villegas entró en la sala, la Guardia Civil que custodiaba a Isabel salió, en la
otra habitación pegados al espejo se apelotonaban El Capitán, el Sargento, el Guardia
Alonso, Octavio, Alba y Julio.
Cuando la secretaría vio entrar a Lorenzo se echó a sus brazos.
–Por favor Lorenzo, están cometiendo una equivocación, te he sido siempre fiel, no
comprendo nada. –Isabel sollozaba.
–Hace años, muchos años que nos conocemos, –Lorenzo estaba tenso como una caña, –
-siempre has sido muy responsable y eficaz en tu trabajo, siempre te he pagado bien,
¿por qué? no comprendo nada.
Isabel llena de ira interna y celos endemoniados se rompió.
–Por tu frialdad Lorenzo, por tu frialdad, yo te lo hubiese dado todo, todo, sin embargo,
todos estos años solo me tratabas como a tu secretaría nada más, yo te lo hubiese dado
todo, joder y tu cada año me ignorabas más. –Isabel se apartaba de él, centímetro a
centímetro.
–Anda, ¿entonces, todo esto por despecho?, yo jamás estuve enamorado de ti, te quería,
pero te quería como trabajadora, nada más. –Lorenzo abrió la venda de sus ojos, —
ustedes planeando matarme y yo sin enterarme de nada.
–¿Que solo me querías como trabajadora?, tantos años intentándote enamorar, nada,
¿cuántas cenas de trabajo dejándome plantada? Y tú acabando en las camas con otras,
¿cuántos años sufriendo en silencio? –Isabel ya estaba rota.
–Hasta que conociste a Toni, ¿no?, seguramente en una de esas cenas de empresas, se
acercaría a ti, te hablaría de mí, tu con unas copitas de más le contarías lo enamorada
que estabas de mí y a la vez de lo que me odiabas por mis continuas muestras de
desinterés. El, una de esas noches, aprovechándose de tu falta de autoestima se te
declararía y como no, te hizo suyo, con el tiempo, vuestros objetivos se hicieron uno,
acabar con mi vida, ¿no?
–Sí ,sí si me tomó, y me valoró, y me amó y sí, decidimos juntos matarte cabrón, tus
empresas siempre eclipsaban a las de Toni, por mucho que intentáramos competir
contigo, siempre te llevabas los mejores contratos, Toni solo se quedaba con las
migajas, nunca podíamos ponernos a tu altura, yo en mi puesto, intentaba ponerte
zancadillas, pero tu manía de revisarlo todo, siempre dabas al traste con nuestros
planes.–Isabel casi chillaba.
–¿Hasta qué te enteraste de mi intención de participar en la Marcha, ¿no? –Lorenzo
miraba al espejo.
–Si, sí, sí, pero Toni era un rácano, decidió ahorrarse unos miles de euros, contrató a un
gilipollas y la cagó. — La puerta de la sala se abrió y entró el Sargento Pérez.
–Queda usted detenida por autora necesaria para el intento de asesinato de Lorenzo
Villegas. Una vez leído sus derechos, puede llamar a un abogado.
Isabel chillaba como una energúmena.
–No tenéis nada, nada, no tenéis nada. –chillaba mientras la Guardia le ponía las
esposas para llevarla provisionalmente a la celda de la Comandancia.
Alba se acercó a Lorenzo.
–Ha sido usted muy valiente, en la Prueba ha demostrado ser un campeón y en la vida,
ya lo es, nos gustaría contar con usted en otras ediciones.
–Por supuesto, si no fuera por este mal trago, yo me lo he pasado muy bien la verdad.
Alba se dirigió a Julio.
–Julio, este hombre se merece lo mejor de nuestra parte, además ¿para qué entretenerlo
más?, aquí está todo el pescado vendido, ¿por qué no te coges el Audi? y lo llevas al
Aeropuerto, el vuelo para Barcelona sale en tres horas.
–¿Barcelona?, ¿yo que pinto en Barcelona?–Lorenzo lo miraba algo desconfiado.
–De Barcelona sale el crucero que va a dar la vuelta al mundo, allí te están esperando
las chicas F y los Artilleros, le hemos contado que tú también te vas, están encantados,
¿te apuntas verdad? –Alba le daba los billetes del vuelo y del crucero.
–Hombre, ¿cómo no?, creo que me voy a dar un descanso larguito, ya está bien de tanto
trabajar, esta vida es disfrutar, ¿para qué quiero el dinero, si no?. –Lorenzo se introducía
en el coche, Alba cerraba la puerta, cuando Julio se montaba en el asiento del copiloto y
le decía al chófer la dirección, Alba metía la cabeza por la ventanilla.
–No dejes que pague un solo euro, los gastos corren de nuestra parte y guiñaba un ojo a
Lorenzo.
El Audi enfiló para la autopista.

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