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1ª LARGA MARCHA CAPITULO 11

–Madre mía, madre mía, Alba a mí esta Prueba me daba buenas vibraciones, la veía
cañera. –Pérez y Alonso fueron requeridos por la Comandancia para que acudieran a la
autopsia, en el hospital de Huelva.
Alba acudió con Julio y con una tercera persona que por motivos de estricta seguridad
fue sacado del Campamento en un vehículo con los cristales totalmente ahumados, se
procuró que todo ocurriera en el más estricto secreto.
–Hombre, don detective Octavio, –con sorna el Sargento Pérez, saludaba al detective, –
-¿sabe usted que ocultar información crucial para el esclarecimiento del caso del dorsal
37 es delito?
–Créame Sargento, esta noche usted tendrá su ascenso, –Octavio no dejaba de mirar a
los ojos a Pérez.
Allí en la sala de espera justo al lado de la sala de autopsias, esperando a que el forense
les abriera las puertas para dejarles entrar, la tensión se palpaba. Alba se vio obligada a
mediar, conocía a Pérez, hace años ella y su hermano mantuvieron un noviazgo, en
realidad eran excuñados, se aprovechó de la carta.
–Vamos Pérez en Sanlúcar no has sacado nada en claro, nadie sabe nada, no has
encontrado el cuchillo, nosotros tenemos algo, créeme tenemos un testigo.
Pérez y Alonso pegaron un salto, Alonso esta vez saltó al cuello.
–Vale, vale, aquí hay delito mi Sargento, esta gente están ocultando algo, hay que
llevárselos al cuartelillo e interrogarlos uno a uno.
Julio echó un paso atrás, Octavio y Alba se apartaron un poco para hablar más
tranquilamente con el Sargento. Mientras en la otra sala se estaba realizando la autopsia,
León, dorsal 29 y Marta, dorsal 13, la situación legal de las casas de seguros y de la
Organización era hacerse cargo de las indemnizaciones y de las compensaciones
económicas de los Participantes fallecidos, cuando Octavio miró al Sargento este no
sabía dónde meterse.
–Nosotros somos los primeros en querer que se esclarezcan los hechos Sargento, —
Octavio comenzó su defensa, –quedamos como usted recordará en que entraría de
incognito, por mis sospechas, más tarde confirmadas por casualidad, el asesinato de
Pablo Casal puede tener alguna relación con la Prueba.
–¿Como que confirmadas, como que por casualidad?, usted nos tuvo que poner en
conocimiento en el acto de cualquier información relacionada con el caso, ahora no
sabemos si esas muertes están relacionadas entre sí con el caso de Sanlúcar y sí se
pudieran haber evitado.
Alba volvió a mediar:
–Por favor Pérez, entiéndelo, un Participante de la Prueba fue testigo de algo, pero no
del asesinato, no llegó a reconocer a las personas con el cual se topó esa noche Pablo
Casal.
El Sargento no daba más de sí.
–¿Pero ¿cómo que personas?,¿me estás diciendo Alba, que ayer sabías que había un
testigo y no me llamaste?,¿sabes que has ocultado información? Alba esto no, esto no.
Octavio tubo que reaccionar.
–Vamos Sargento, ese chico, que ahora le mando su ficha, aunque si seguimos mi plan,
por favor, sargento, tendremos a esos bellacos y también el porqué. Pero ahora mismo
no tenemos nada, dos detalles, nada, tenemos que intentar reconocer a esos capullos.
Octavio le pasó la ficha no solo de Juanjo, sino todas las carpetas Roja y Azul, le contó
lo que Juanjo entre lágrimas y sollozos le había contado a su vez entre aquellas arenas
interminables. Puntualizó el detalle del reflejo del móvil en la cara, la curiosa historia de
que por lo visto a Juanjo le había llamado la atención sobre la manera de taparse la cara,
finalmente le contó el detalle del fumador encandilado por el foco del concierto. El
Sargento, prudente, los miraba.
–No tenemos nada Sargento, este chaval tiene que intentar reconocer a un fulano entre
25, esperemos que no esté entre los abandonos de hoy por la mañana, que fueron muy
pocos.
El forense salió a la sala de espera, con una tranquilidad pasmosa, explicó:
–Bien, solo pueden entrar dos personas conmigo, las autopsias ya están hechas, a la
espera de algunos resultados de la chica, por favor, entren.
El Sargento ordenó al Guardia:
–Alonso, quédese aquí con la señorita y el caballero, no los pierdas de vista, –guiñó un
ojo a Alba, –yo voy a entrar con este caballero, le dio un empujoncillo a Octavio, el
forense cerró la puerta tras de sí.
–Bien, quiero cenar en casa hoy, así que acabemos.
Se dirigió a la mesa del chico, el cuerpo tapado de cintura para abajo, aparecía hinchado
como una pelota.
–León Márquez, soldado profesional, destinado al Batallón de Artillería XII,
participaba con dos compañeros de su compañía, llevaban unos tiempos formidables,
causa de la muerte: Picadura de avispa.
Octavio no lo pudo remediar e interrumpió. –
-Perdón señor, ¿ha dicho picadura de avispa?
–¿O está usted sordo o yo hablo bajito?,¿usted me ha escuchado Sargento? –el forense
era un poquito borde, el Sargento movió la cabeza de arriba a abajo.
–Se chocaron literalmente uno contra otro, León iba corriendo, la avispa volando, fue
una fatídica coincidencia que le picara en el cuello. León debería llevar Urbason en su
botiquín, pero es que el pobre no sabía ni que era alérgico, por lo menos no lo pone en
su ficha médica, ni en la ficha de la Prueba, ni en la del Cuartel, en pocos minutos se le
hinchó el cuello, se asfixiaba por segundos, su pobre compañero solo pudo ser testigo
del fatal desenlace, estamos a la espera de algunos resultados, pero la picadura en el
cuello es clara, el sujeto agarró con la mano a la avispa. —
Joder con la avispita, con lo pequeña que es. –Pérez miraba al bicho metido en una
cajita de plástico.
Octavio quiso ir de enteradillo. –
-Matan en el mundo a más personas de lo que creemos, la avispa digo, como nos
metamos en el universo de los insectos serpientes, plantas, en fin, por cierto ,la
chica ,¿qué?,¿otra avispa?.
El forense no la tenía todas consigo. –
-Todavía no está totalmente claro, estoy esperando algunas pruebas concluyentes, no me
explico cómo esta chica pudo ingerir tantísimo veneno de una asentada.
–¿Veneno? –Octavio volvió a cometer el mismo error.
–Sargento, definitivamente su acompañante está sordo.
Está vez el Sargento le echo un cabo.
–Hombre José Luis, –que así se llamaba el forense, –es que envenená pero si es una
deportista hombre, además la comida viene cerrada al vacío, pasaron sus registros de
calidad e higiene, si vienen de una marca muy reconocida hombre, además, ¿solo ella
envenená?.
José Luis miraba unos papeles.
Desde que ingirió presumiblemente en forma líquida el veneno, hasta que calló
fulminada, apenas transcurrieron de dos a tres horas, además, tengo que esperar
resultados definitivos, pero yo diría que me voy a equivocar poco.
–¿Qué tipo de veneno José Luis?,–Pérez empezaba a sudar un poquitín, –es que vale
que no sea una alergia, pero envenená, es lo mismo que ser apuñalá, aquí hay un prenda,
además un prenda cabrón.
–Octavio, además de sordo. No pareces sorprendido. –José Luis lo observaba curioso.
–¿Déjeme que le pregunte una cuestión crucial?,¿la hora que usted menciona es exacta?
–Miraba a José Luis y a Pérez a la vez.
–Vamos a ver, habría que esperar unos análisis muy importantes, tipo de toxico, en fin,
algunas cuestiones. Pero por experiencia ya le digo yo a ustedes, que no más de tres
horas desde la ingestión. Bueno caballeros, si me disculpan es tarde, como les dije,
quiero cenar en casa. –El cierre de todas las salas de autopsias del mundo es el mismo,
cerrar cámaras, cerrar luces, cerrar puertas y hasta el muerto que viene.
Esa misma noche, allí en la Sala de Espera, el Sargento Pérez, el Guardia Alonso, Alba
y Julio por parte de la Organización y Octavio en representación de las casas de seguros,
tuvieron varias horas de intensa conversaciones un momento, Alba salió e hizo una
llamada de teléfono a Valentín, Fátima y Olivia, duró quince minutos, dio instrucciones
precisas. Cuando volvía a la reunión se cruzó con Alonso que salía pitando, todavía
Pérez, Octavio Alba y Julio tuvieron una hora y media más de conversación, cuando
Alba, Julio y Octavio se introducían en el coche el Sargento Pérez los despidió.
–Si tenemos razón, el ascenso, si no, este será el primer y último año que se celebra la
Larga Marcha. –cerró de un portazo.
Octavio abrió la ventanilla del coche.
–Usted cumpla y procure que también cumpla sus órdenes sus hombres.

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