Las luces blancas de los hospitales nunca han sido del agrado de nadie, pero si la sala que ilumina es una sala de autopsias, menos aún. El cuerpo desnudo sobre una camilla metálica, rodeado de cinco personas, era un cuadro bastante tétrico, la luminosidad se agarraba a ese frío que se le mete a uno hasta en la columna. El lloriqueo del padre de la víctima no molestaba en absoluto al forense. Lo normal, es que la autopsia la realizara solo y después entregaba el informe a la autoridad competente. Esta vez el Sargento Pérez fue sutilmente convencido por Alba que recomendó la asistencia de un tal Octavio, un detective privado que en casos de asesinatos era una eminencia. El forense comenzó, con ese lloriqueo de fondo, que no llegaba a terminar. –Pablo Casal, –comenzó el forense—veintitrés años, varón, evidentemente se le ve el cuerpo atlético y musculado, encontrado sin vida en un contenedor de basura en la C/Triana a las 23:55 del 1 de Agosto, causa de la muerte, una única puñalada en el corazón, mortal por necesidad , con un cuchillo de caza, no localizado, hora de la muerte, aproximadamente de 10 a 15 horas.
—-Perdón que le interrumpa señor, –preguntó Alba —, ¿por qué cree que tantas horas desde que se encontró el cuerpo hasta la hora del asesinato?.
–No te preocupes, me encantan las interrupciones así, tenemos varios puntos de vista. Bueno, a falta de algunos resultados de algunas pruebas que me certificaran la hora exacta, yo por experiencia personal diría que más de 15 horas, posiblemente entre las tres, cuatro o cinco de la mañana del 1 de agosto.
– ¿Pero tantas horas hasta que se encontró el cuerpo? –incrédula volvió a preguntar.
–La recogida de basura, -el Sargento Pérez creyó necesario intervenir, –en el pueblo comienza sobre las 21:30 a 22:00 horas, considerando que si no hay contratiempos a las 2:00 o 2:30 horas han terminado. Sanlúcar no es tan grande, si el cuerpo fue introducido estando el contenedor vacío, si a lo largo de la madrugada, mañana o tarde, tiran bolsas, el cuerpo es posible que se haya tapado parcialmente, es por eso que hasta que no han vaciado el contenedor, no han visto el cadáver.
–Lo cual nos confirma —sentenció Octavio, –que los asesinos han tenido tiempo de estar ya en Pernambuco.
–Perdone caballero, don detective privado, –echó algo de reaños el Sargento, seguramente debido a ese subidón de orgullo, clásico de una autoridad que muy pocas veces, se había visto envuelto en un caso de asesinato, –¿por qué varios?, ¿Por qué tienen que estar en Pernambuco y no en la calle de al lado? Esto tiene pinta de ser un atraco, la cosa se le ha complicado al sujeto y la ha cagado, esto echo yo mano yo de los chivatillos de turnos, meto un poco de presión y en dos días tenemos al culpable.
–No quisiera meterme en su investigación Sargento, nada más lejos por mi parte de decirle a la Guardia Civil como tiene que realizar su trabajo. –Octavio cayó prudentemente.
Alba, como abogada, no quiso dejar la cosa así. –Bueno Sargento, como dice el forense, ¿se puede tener en consideración otros puntos de vista, ¿no? Joder, Pérez este hombre sabe de lo que habla, en el momento de que este pobre muchacho firmó la inscripción, ya era Participante de pleno derecho de la Prueba y con ello su seguro de vida, por lo tanto, las Compañías de Seguros y la misma Organización consideran que este asesinato debe de ser investigado y resuelto con la máxima brevedad posible, por el muchacho, por su familia y claro está, por la seriedad de la prueba en sí.
–Chiquilla, que yo no tengo nada en contra de las segundas opiniones, –le sonrió Pérez —haber Octavio ¿usted qué opina? –¿Puedo preguntarle al Señor Forense una cuestión? –preguntó Octavio al Sargento. –Por supuesto picha le escuchamos. –ironizó el Sargento. – ¿Bien, me puede decir algo del cuchillo? Y segundo, me llama la atención que fuera, ¿una sola puñalada?
El Forense se puso serio. – Vamos a ver, como el cuchillo no se ha encontrado, no tenemos arma del crimen, pero por la herida se constata que sería una hoja de 25 cm dentada, del tipo de los de monte o los de submarinismo. ¿De una puñalada?, ya le digo yo por experiencia, que este asesino no es un novato, ha matado otras veces, la forma de girar el cuchillo, el sitio exacto de la puñalada, por cierto, muy certera y eficaz, el pobre muchacho casi ni se enteró, debió de ser muy rápido. Ajá, –miraba el Sargento triunfante a Octavio, — un solo asesino, uno solo apuñaló, ¿quién nos dice que fueran varios?. –Bueno, o nuestro asesino es una persona muy fuerte o necesitó ayuda, pues cargar con un muerto y echarlo en un contenedor, no es cualquier cosa. ¿Le puedo preguntar algo al padre? –Octavio ya cogió confianza. –Joder, joder, –giraba la cabeza de derecha a izquierda Pérez —adelante detective.
–¿Sabía usted si su hijo tenía enemigos? ¿Sabe usted, si su hijo gustaba de llevar relojes buenos o cadenas de oro? El padre, con los ojos rojos como tomates de tanto llorar, encendió su ira contra Octavio. – ¿Mi hijo enemigo?, pero si era un santo, con todo el mundo hacía, con todo el mundo hablaba. Era una persona muy sociable y dicharachero, le gustaba hacer atletismo y cros, había ganado algunas medallas, ¿pero ¿cómo iba a tener enemigos mi hijo?, además, yo no he educado a mi hijo en la opulencia, no, claro que no, no llevaba cadenas de oro, ni relojes caros, ni nada que le costara la vida, a mi hijo le han robado la vida, no el reloj
–La autopsia ha terminado. –el Forense cerró la cámara frigorífica, las luces cegadoras y la habitación. Cuando termine algunas pruebas más, les envio el informe Sargento. –Concluyó y se despidió. El padre del pobre chico corrió llorando como un corderito a la sala de espera, donde desconsoladas esperaban sus dos hijos y su mujer, Pablo fue el pequeño de la familia. Octavio y Alba se dirigían al coche y por el camino hablaban, antes de entrar en el vehículo el Sargento Pérez quiso despedirse.
–Bueno Albita, encantado verte como siempre, la Prueba muy chula, la verdad, espero verte en la Meta de Ayamonte, creo que preparáis una gran fiesta. Por cierto, Octavio, moveré hilos y haré algunas preguntas, ya verás como lo atrapamos en dos días, seguro que este caso es mi ascenso. –Claro Pérez, vete para allá, te dejo las invitaciones vib, vente con tu hermano Eduardo, adiós. –sonrió Alba.
Ya en el coche, finalizó. –Estúpido, zoquete, prepotente, se cree Capitán de los Ejércitos, el ascenso no te va a llegar en la vida. –hablaba por lo bajito. –Bueno mujer, quizás con unos cursos de criminología, –Octavio se puso serio, –Alba, necesito participar en la Prueba de incógnito.
–¿Como?, Octavio por favor, –reía incrédula Alba–, lo tengo que consultar con mis compañeros. –Consúltalo con quien quieras. –Octavio no daba marcha atrás — Ese Sargento cree que ese muchacho murió por un robo, el padre nos confirma, que no podía ser víctima de un ladrón. ¿Y si la muerte tuviera algo que ver con la Prueba?, ¿y si algún Participante fuera el asesino? Todavía no ha dado comienzo la Salida de Mazagón, tan temprano estarán aseándose y desayunando, con un día de Prueba, aun no le han dado tiempo a conocerse bien, además son muchos, todavía puedo pasar por un Participante y pasar desapercibido. Desde dentro, tendré más conocimiento, si me equivoco y el Sargento tiene razón, solo habré echo deporte. –Joder, por una vez, me gustaría que Pérez no se equivocara. Está bien, supongo que el resto de la Organización no pondrá pegas, lo arreglaré todo y te daré un dorsal. –Por cierto, Alba, no lo cuentes a mucha gente, sería interesante una copia de la carpeta roja y también la azul, nunca se sabe.
