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N-340 Ep2

El viejo motor del Mercedes Benz retumbaba como un tanque, en pleno campo de batalla. El viejo Mahed, harto de escuchar las tonterías de su dos jóvenes compañeros de viaje, hartos de porros y whisky, solo pensaban en llegar a su destino. Estaba plenamente concentrado en sus profundos pensamientos, la carretera, con apenas curvas o dificultades, hacían posible la relajación en la conducción. No levantaba ni un centímetro el pie del acelerador y manteniendo una velocidad constante todo el tiempo, confiaba en que él único cuadrito que había en el mapa, fuera una estación de servicio, o de lo contrario, pronto iban a estar en apuros. Mahed, debería saber, que no solo por la gasolina se mueve un automóvil, el control de los distintos indicadores del salpicadero, era fundamental para el buen funcionamiento del vehículo. A su debido tiempo Mahed, se iba a arrepentir de su fatídico error, no solo de no haber controlado la temperatura del vehículo, sino además, de llevar a su lado a dos jóvenes impulsivos, ciegos de droga, alcohol y orgullo. Las maquinas no suelen perdonar un error y el humo blanco que salió por el capó del Mercedes, era la respuesta del vehículo, a su despistado conductor. El motor traqueteó por ultima vez, justo en el instante que el pesado vehículo rodaba sus últimos metros por el caliente asfalto. La reacción de Hassan, no se hizo esperar, rápido como un leopardo, salió del vehículo, abrió la puerta del conductor, sacó a rastras al viejo Mahed y le puso un largo cuchillo en el cuello.

— Cabezota vieja y podrida, morir en un sitio o en otro, no tiene la menor importancia, lo que verdaderamente la tiene, es como se muere. Y tu muerte, créeme va a ser de las más horribles que hayas podido imaginar, sino me convences de lo contrario, Mahed supo en una milésima de segundo que su vida dependía, de las siguientes cuatro palabras de lo contrario un joven muchacho loco e impulsivo iba a segar su cuello, antes de seguir con la quinta y sexta palabra.

— Puedo arreglar el coche. La mano de Hassan retrocedió varios centímetros, la punta del cuchillo aún seguía clavada en la yugular de Mahed.

— A varios kilómetros de aquí, según el mapa hay una estación de servicios, allí seguro que podremos conseguir los repuestos necesarios para arreglar el coche. Hassan guardó el cuchillo, no sin antes, hacer su ultima advertencia.

— Si me la juegas, viejo cabeza hueca y tonta, sabrás lo que es una muerte, lenta y cruel, tenlo por seguro. Fue así, como los tres hombres, emprendieron la marcha por el arcén de la nacional 430,la carretera del diablo, la carretera más solitaria del mundo, aquella que cruza el territorio más caluroso y desierto del estado. Tomaron dirección a la supuesta estación de servicios, que según un mapa fechado treinta años antes, había a unos kilómetros de allí. Cerraron el vehículo y comenzaron a andar, hacía siete horas que estaban en la carretera y aún no se habían cruzado con ningún ser vivo.

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