El calor en esta época del año, hacía del interior de la provincia un lugar nada deseoso de habitar. Los pocos que permanecían, intentaban por todos los medios, resguardarse en sitios lo mas frescos posible, sin ni siquiera mover un músculo, el gasto, no era compatible con los grados, superiores en algunas horas a los cuarenta y cinco grados. Debido a la falta de movimiento de la población en horas diurnas, cualquiera que atravesara la carretera, que cruzaba todo el estado de este a oeste, pensaría a las pocas horas de estar conduciendo, que el territorio estaba desierto. De por sí, la carretera constaba en los mapas, como una de las menos importancia y menos servicios del país. Al cruzar un territorio, pobre en recursos y sin ningún interés económico, el trafico en dicha vía hacía tiempo que pasaba por ser mínimo y el automovilista que la cruzaba, rápidamente se inmaginaba, estar solo en el mundo.O algo parecido, debieron de inmaginar Mahed, Rabit y Hassan, tres inmigrantes marroquíes, que tras obtener permisos temporales de trabajo en el país, enfilaban rumbo a su destino, en un viejo Mercedes Benz 300 D blanco con unos cuantos kilómetros de más en sus sufridas entrañas y que con mucho esfuerzo, habían podido comprar a precio desorbitado en su lejano país.
Mahed era el mas viejo de los tres hombres, conducía con la tranquilidad de un hombre, que no sabe exactamente por donde va, ni en donde está. El único que sabía manejar un vehículo, sabía por experiencia que no podía forzar la maquina mas de la cuenta, ya que como a él mismo le pasaba, los años siempre cobraban factura. Había dejado familia numerosa allí en su lejana ciudad de nacimiento. Acostumbrado a buscarse la vida como fuera, había escuchado por casualidad, la noticia de la necesidad de mano de obra barata en España y se había embarcado con sus dos compañeros, en esta aventura sin saber como terminaría todo aquello.
Seguro de ganar mas dinero, que en su Marruecos natal, confiaba en llevar lo suficiente, como para sobrevivir unos años más junto a sus numerosos hijos y mujeres. Aunque para su gusto y debiéndose reconocer el resultado, el viaje no estaba resultando como él esperaba; empezando por el comportamiento de sus dos jóvenes compañeros.Rabit y Hassan eran harina de otro costal, jóvenes impulsivos, sus vidas no pasaban de ser pura vibración y riesgo, durante toda su existencia. Acostumbrados a la violencia más salvaje y cruel, de los güetos africanos, hacía tiempo que dejaron en algún momento de su infancia, su conciencia y buenos modales con los hombres. Su reto continuo era la supervivencia a costa de lo que fuera, incluso de la vida humana y sus metas a conseguir el suficiente dinero, como para vivir como ricos o eso es lo que intentaban. El haberse animado a seguir a este viejo tonto, no era otro que el de llegar a Europa y triunfar a consta de lo que fuera. Hacía tiempo que se habían dado cuenta que trabajando uno honradamente, poco rico se volvía.
Mahed, eres mas lento que una tortuga con este cacharro, a este ritmo, llegaremos a nuestro destino en un millón de años. Además, estoy seguro de que nos hemos perdido y vamos por camino equivocado, te equivocaste en el ultimo cruce que cogimos hace dos horas, estoy seguro, no sé si tu vieja cabezona se ha dado cuenta todavía. Y eso no es lo peor, lo peor es que entre el calor agobiante y el no habernos cruzado con ningún coche desde que cogimos el desvío, me está volviendo loco. chillaba Hassan.Me importa un carajo que te vuelvas loco, pero por favor te pido que te calles o de lo contrario el loco voy a ser yo. Si tuviéramos un mapa actualizado nada de esto hubiese pasado, pero no, tienes que conseguir un mapa de hace treinta años y así cualquiera se orienta.
Según el mapa, circulamos por la N-430 o también conocida por la carretera del diablo, atraviesa el territorio más seco y caluroso de todo el estado y es larguísima con cojones. Así que tranquilito y reza para que el vehículo aguante el tirón. Escúchame viejo cabezota, yo nunca rezo, porque lo que quiero lo cogo yo mismo.Así de alegre y divertido, transcurría el trayecto entre porros de hachís, botellas de whisky y unos hombres con los nervios a punto de estallar, sin haberse cruzado en cinco horas con ningún ser vivo, ni estructura hecha por el hombre y sin saber exactamente si llevaban buena dirección o la equivocada.
